Pompa y circunstancia. La Casa Rosada es, en realidad, más cotidiana y simple de lo que proyecta el halo de suntuosidad que la envuelve.
Los actos presidenciales con granaderos, apliques dorados en sillas y molduras, alfombras rojas e invitados de “tailleur” y saco y corbata munidos con cámaras de fotos para retratar el momento son apenas la imagen clásica de la sede gubernamental, que cuando se apagan los reflectores dejan lugar a otras labores y otra pasiones.
Silvina Alonso |